El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, no reconoció la represión a la que ha sido sometida su país, tras la ola de protestas que ha dejado más de 60 heridos, cientos de heridos y desaparecidos.

Ortega victimizó a la policía nacional asegurando que no tiene orden de disparar, por lo tanto, están acuartelados y únicamente salen cuando hay disturbios provocados por los estudiantes, a quienes señaló como delincuentes y causantes del desastre en Nicaragua.

Por otro lado, cuando comenzó la reunión y le dieron la palabra a Ortega, los universitarios presentes en la mesa gritaron “eran estudiantes, no eran delincuentes”, en relación a los muertos producidos durante las protestas.

El presidente, manifestó el compromiso de seguir trabajando para que se haga justicia en Nicaragua. “Somos los primeros interesados en que se haga justicia y por eso invitamos a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), somos los primeros”, manifestó mientras los presentes le interrumpían exigiendo justicia.

Por su parte, la vicepresidente y esposa de Ortega, Rosario Murillo ratificó que iban con buena fe, respeto hacia todos. “Como madre yo quiero decir, que el camino de Nicaragua no es la guerra, es la paz y el respeto a las madres y mujeres” manifestó Murillo.

Al finalizar el diálogo, el asesor presidencial trató de intervenir anunciando una posible solución ante la problemática del Seguro Social. Sin embargo, fue interrumpido por Monseñor Rolando Álvarez, obispo de Matagalpa, quien pidió respeto al programa y ordenó la salida de todas las partes.

En la primera sesión del Diálogo Nacional en Nicaragua, participaron estudiantes, empresarios, sociedad civil y como mediadores, los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua.

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