Se sabe que los gérmenes y bacterias viven en el suelo, los cuartos de baño, los controles de un ascensor, los pasamanos e, incluso, en un artículo tan cotidiano como el teléfono celular; sin embargo, ¿sabía que en la ropa de uso diario también conviven con nosotros? Literalmente, las llevamos puestas.
Diversos estudios de centros especializados demuestran que es posible encontrar hongos o
levaduras en una blusa de mujer; en la ropa de bebé, la E. coli es común; la estafilococos
aparece en la camisas de hombre; en todos los ejemplos anteriores, hay incontables bacterias aeróbicas (que viven en el aire); en unas tenis pueden haber hasta 420.000 bacterias, luego de solo dos semanas de usarlas.
Por ejemplo, el Laboratorio de Control de Calidad de la Universidad Alberto Masferrer, de El
Salvador, determinó que las prendas infantiles pueden portar la bacteria causante de la
tuberculosis; además, se encontró aquella que es capaz de provocar una infección urinaria e intestinal.
En Costa Rica, la microbióloga María Laura Arias, de la UCR, advierte que usar repetidamente ropa interior sucia, abre la puerta a la propagación de potenciales agentes patógenos que son capaces de afectar los intestinos. “En las zonas íntimas hay humedad y una temperatura ideal para la multiplicación de los microorganismos”, subraya la especialista. Así, si una persona padece de diarrea y no lava bien la ropa, el microorganismo causante de su malestar, se va a multiplicar.
Por otro lado, si alguien transpira o suda mucho, pero no lava su ropa con frecuencia -o la usa más de una vez antes de lavarla-, las bacterias se acumularán en la prenda y con el sudor provocará olores fuertes, que luego serán difíciles de eliminar; por ello, el dermatólogo Ismael Sánchez, de la Torre Médica Momentum, llama la atención acerca de que el uso de ropa sucia o contaminada pueden causar trastornos (o agravar) de la piel como la resequedad o dermatitis atópica (hinchazón, enrojecimiento, picazón), así como algún trauma menor por rascarse.

Prevención

Para evitar o combatir lo descrito en párrafos anteriores, lo ideal es limpiar asiduamente la ropa -con especial cuidado las interiores- y el uso de detergentes especializados en eliminar bacterias.
El dermatólogo Sánchez apunta: “La ropa debe secarse lo más pronto posible, luego de
lavarse. Así se previene la ‘remultiplicación’ de las bacterias que no se eliminaron en el proceso de lavado.
Se recomienda secar la ropa por medio del aire caliente o al aire libre; de esta forma, se
reducirá la presencia de bacterias. Finalmente, con el planchado (sobre todo con una plancha de vapor) se eliminarán agentes patógenos de forma efectiva.

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