Un estudio del Laboratorio de Control de Calidad de la Universidad Alberto Masferrer, de El
Salvador, halló que en la ropa de uso diario “habitan” una enorme cantidad de gérmenes y bacterias, las cuales pueden causar diversos padecimientos o malos olores.

De acuerdo con el informe citado, y a modo de ejemplos, la ropa sucia de un niño puede portar la estafilococos, una bacteria capaz de producir infecciones, o la Mycobaterium tuberculosis, culpable de una enorme cantidad de casos de tuberculosis. En las prendas de hombre o mujer se encuentran una cantidad inmumerable de bacterias aeróbicas (que viven en el aire).

Asimismo, una investigación de la Universidad de Arizona, halló que en unos zapatos tenis pueden existir hasta 420.000 bacterias, luego de dos semanas de uso.

Por su parte, el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) de México encontró que una carga de ropa sucia puede contener hasta 30 gramos de heces fecales, las cuales llevarían consigo bacterias como salmonela y E. coli, o virus, que eventualmente causarían enfermedades como diarreas o hepatitis A.
La microbióloga María Laura Arias, de la Universidad de Costa Rica, advierte que si una
persona tiene un microorganismo causante de diarrea y no lava bien su ropa, logrará que aumente la cantidad de agentes transmisores de esa molesta indisposición.

También, si alguien transpira o suda mucho, pero no lava su ropa con frecuencia -o la usa más de una vez antes de lavarla-, las bacterias se acumularán en la prenda y con el sudor provocará olores fuertes, que luego serán difíciles de eliminar.

En ese sentido, el dermatólogo Ismael Sánchez, de la Torre Médica Momentum, llama la atención acerca de que el uso de ropa sucia o contaminada provocarían el agravamiento de trastornos de la piel como la resequedad o dermatitis atópica (hinchazón, enrojecimiento, picazón), así como algún trauma menor por rascarse.

Higiene, la clave

Para evitar o combatir lo descrito en párrafos anteriores, lo ideal es limpiar asiduamente la ropa -con especial cuidado las interiores- y el uso de detergentes especializados en eliminar bacterias.

El dermatólogo Sánchez apunta: “La ropa debe secarse lo más pronto posible, luego de lavarse. Así se previene la ‘remultiplicación’ de las bacterias que no se eliminaron en el proceso de lavado.
Se recomienda secar la ropa por medio del aire caliente o al aire libre; de esta forma, se
reducirá la presencia de bacterias. Finalmente, con el planchado (sobre todo con una plancha de vapor) se eliminarán agentes patógenos de forma efectiva.

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