Cuatro muertos arrojó el último balance de la policía, producto de los incendios que azotan Australia desde hace casi una semana, una catástrofe que suscrita la indignación hacia el gobierno, que minimiza los efectos del cambio climático.

Los restos de las cuatro víctimas fueron encontrados en el estado de Nueva Gales del Sur, que es el más devastado por este desastre.

Más de 100 focos seguían activos durante este jueves, pero una mejora en las condiciones meteorológicas redujo el nivel de peligro en las zonas afectadas y permitió que los lugareños volvieran a sus casas. Sin embargo, para el fin de semana se espera que las temperaturas suban y los fuertes vientos retomen, especialmente en Queensland y Nueva Gales del Sur.

Cientos de viviendas quedaron dañadas o destruidas y más de un millón de hectáreas de vegetación fueron devoradas por el fuego.

Los incendios también arrasaron con la fauna de ese sector y según los especialistas, cientos de koalas han muerto. Solo en una reserva cerca de Port Macquiare, murieron 350.

Estos incendios ha suscitado la indignación de la población hacia el gobierno, que es defensor de la industria minera, y que sigue minimizando la amenaza del cambio climático.

Para muchos residentes de la costa este, estos siniestros son la materialización de un peligro que no es solo teórico.

Durante varios días, el primer ministro, Scott Morrison, se negó a responder preguntas relacionadas con el cambio climático, refugiándose en la urgencia para ayudar a las víctimas de los incendios. Incluso cuando los vecinos lo interrogaban sobre este cuestión en sus visitas a las zonas siniestradas.


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