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El periodista frente a la mediocre intolerancia a las preguntas

Carlos Villalobos, Director CRC 89.1 Radio, Periodista desde 1987

Cada 30 de mayo recordamos en Costa Rica el nefasto atentado de La Penca y a los periodistas que perdieron la vida buscando información en medio de un conflicto armado.

Lo hacemos no solo como un acto de memoria, sino también como un recordatorio de que el periodismo existe para hacer preguntas, incluso cuando esas preguntas incomodan. Además, de que para nosotros no hay barreras en la búsqueda de respuestas.

Y quizá ahí radica uno de los mayores desafíos de tan bella profesión en estos tiempos tan convulsos.

En los últimos años pareciera haberse instalado una peligrosa idea: que quien pregunta estorba. Que quien investiga molesta. Que quien cuestiona decisiones públicas actúa por motivaciones ocultas.

Desde distintos sectores del poder —ese que está obligado a rendir cuentas— se observa una creciente intolerancia hacia el escrutinio y una tendencia a descalificar al mensajero cuando no se puede refutar el mensaje. A todas luces quien así actúa evidencia su mediocridad y despierta la sospecha sobre su desempeño público.

Pero la democracia nunca ha sido un espacio cómodo para quienes ejercen el poder. La democracia exige rendición de cuentas. Exige transparencia. Exige explicaciones. Y esa es la razón de ser del periodismo.

Los periodistas no estamos llamados a aplaudir gobiernos ni a derribarlos. Tampoco a convertirnos en activistas de una causa ni en adversarios permanentes de quienes toman decisiones. Nuestra obligación es mucho más simple y, precisamente por eso, mucho más incómoda: preguntar.

Preguntar por qué. Preguntar cuánto cuesta. Preguntar quién se beneficia. Preguntar qué se hizo y qué se dejó de hacer.

Las preguntas no son un ataque. Son una herramienta de control ciudadano. También una oportunidad para que los funcionarios desbaraten cualquier manto de sospecha.

Quizá algunos sectores del poder deban recordar una lección elemental: el problema para una democracia nunca ha sido la existencia de periodistas que preguntan demasiado. El verdadero problema aparece cuando los periodistas no pueden preguntar con libertad.

También nosotros tenemos deberes que cumplir. Debemos ejercer nuestra labor con rigor, equilibrio y responsabilidad. Debemos resistir la tentación del protagonismo, porque el periodista no es la noticia. Nuestro trabajo consiste en iluminar los hechos, nunca en ocupar el escenario.

Pero una sociedad que aspira a ser libre necesita medios capaces de preguntar sin permiso y gobernantes capaces de responder sin enojo.

En este Día del Periodista, el llamado es sencillo: aprendamos a convivir con las preguntas. Porque cuando el poder se incomoda ante una pregunta legítima, no está en riesgo el periodista. Lo que está en riesgo es la transparencia.

Y cuando la transparencia retrocede, la democracia es la que termina pagando la factura.

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